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El Cid vuelve a campear.

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Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, vuelve a campear. O quizás es que nunca ha dejado de hacerlo, ni siquiera en estos tiempos tan políticamente correctos. Protagonista del Cantar de Mio Cid, ha sido objeto de múltiples estudios y muchas más historias y novelas. Y el manuscrito original, que se encuentra en la Biblioteca Nacional, se ha podido ver en público por primera vez en la historia durante unos días el mes pasado. En este primer artículo sobre él escojo algunos versos de esta obra imperecedera y otros de los más conocidos.

Cantar de Mio Cid

Los que estudiamos lo que se llamó letras puras sabemos lo que fue descifrar algunos fragmentos del castellano del siglo XIV cuando leímos el Cantar del Mio Cid. Obra cumbre de la literatura épica medieval en estos lares, es el poema épico más antiguo que se conserva completo.

Cuenta las hazañas del noble castellano Rodrigo Díaz de Vivar, que vivió en la segunda mitad del siglo XI. Luchó contra los moros para conseguir restaurar su honor después de haber sido injustamente acusado de robarle dinero al rey.

Su autoría y la fecha en la que se escribió siguen siendo motivo de debate por parte de los más estudiosos. Sí parecen de acuerdo en que se basa en una serie de versiones orales que debieron de circular desde poco después de la muerte del Cid.

He escogido el famoso pasaje de la Jura de Santa Gadea para recordarlo. Y añado los versos que le dedicó Manuel Machado en el poema de Castilla.

Jura de Santa Gadea

En Santa Gadea de Burgos,
do juran los hijosdalgo,
le toman la jura a Alfonso
por la muerte de su hermano.
Se la tomaba el buen Cid,
ese buen Cid castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo
y con unos evangelios
y un crucifijo en la mano
Las palabras son tan fuertes
que al buen rey ponen espanto:
– Villanos te maten, rey,
villanos que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo,
que no sean castellanos;
mátente con aguijadas,
no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
con camisones de estopa,
no de holanda ni labrados;
montados vengan en burras,
que no en mulas ni caballos;
traigan las riendas de cuerda,
no de cueros fogueados;
mátente por las aradas,
que no en villas ni en poblado,
y sáquente el corazón
por el siniestro costado
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.
Las juras eran tan fuertes
que el rey no las ha otorgado.

Manuel Machado

Castilla

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo.Nadie responde… Al pomo de la espada
y al cuento de las picas el postigo
va a ceder ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde… Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules, y en los ojos. lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.Buen Cid, pasad. El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja…
Idos. El cielo os colme de venturas…
¡En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!Calla la niña y llora sin gemido…
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: ¡En marcha!
El ciego sol, la sed y la fatiga…
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

Fuente:https://www.actualidadliteratura.com/1-el-cid-cantar-poemas/

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