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Vida y poemas de Pablo Neruda

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Poemas de pablo neruda.Para hablar de Pablo Neruda hay que remontarse al doble nacimiento de un mismo poeta. Es decir, así como hubo un Ricardo Neftalí Reyes, también hubo un Pablo Neruda, dos nombres distintos con dos formas de versar diferentes. No bastaría afirmar que Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto nació el 12 de julio de 1904 y que Pablo murió el 23 de septiembre de 1973, hay que ir mucho más adentro y explorar los detalles inacabables de este poeta universal.

Ricardo Neftalí decidió irse a la capital cargando la juventud en su pluma, y llevando a cuestas una musa inclinada al amor, la alegría y la nostalgia. Al padre del poeta no le agradaba su talento para la poesía, eso trajo diferencias entre ellos. A raíz de los impases con su padre, Ricardo decidió adoptar el nombre de Pablo Neruda, un pseudónimo que le acompañó hasta el final y que por aquel tiempo lo liberó de los pleitos familiares. El talento del poeta fue notorio, al punto de que, con apenas 16 años, en 1921, ganó su primer concurso de poesía.

Sus primeras obras

El estilo de Pablo Neruda fue explosivo, el joven empezó a escribir desaforadamente, y la exageración que lo caracterizó en ese tiempo fue su estrella de por vida. Por ejemplo, Crepusculario (1923) nació en el medio de aquel descubrimiento de sus emociones y sentimientos.

Seguidamente, el joven poeta asombró a la comunidad literaria con una de las obras más vendidas en lengua española: 20 poemas de amor y una canción desesperada (1924). Esta obra caló hondo en el mundo de las letras y abrió las puertas del éxito al joven escritor.

El poeta vanguardista

Los rasgos nerudianos poco a poco empezaron a mostrar una cara innovadora. La vanguardia de Neruda se reflejó en el manejo de las estructuras poéticas, en el desorden de su propia creatividad, en la libertad de su pensamiento y en la profunda preocupación por los temas sociales. El mismo poeta, en su autobiografía, aseguró: “No era posible cerrar la puerta a la calle dentro de mis poemas”. En este punto, Ricardo Reyes empezó a entender que Neruda se había convertido en algo más allá de un nombre: un renombre.

Un cambio de ambiente, un cambio de visión de vida

Pues bien, al pasar de la tranquilidad de Parral, su pueblo natal, al relincho que le proporcionó la llegada de su carrera diplomática por el mundo, surgió el poeta de mundo, el coleccionista de cosas, el poeta con mirada hinchada, el latinoamericano que escribió Canto general y el acreedor del Premio Nobel de Literatura en el año 1971. Es decir, de un Ricardo olvidado se dio un brinco a un Pablo consagrado.

Las cuatro etapas creativas de Neruda

La vida de Pablo Neruda se caracterizó por tener cuatro etapas creativas, cada una condicionada por las circunstancias que le rodearon. Inicialmente, su infancia en Parral y sus primeros años en Santiago, los cuales describieron a un poeta del amor influenciado por el modernismo de Rubén Darío. En un segundo tiempo, la etapa de su obra: Residencia en la tierra (1937), la cual identifica su estadía en Birmania, Colombo y Holanda en donde contrajo el primero de sus tres matrimonios. En tercer lugar, su etapa política que, desde 1937, se prolongó hasta su muerte. Se distingue en esta última etapa el libro de libros de la obra nerudiana: Canto general (1950).

En este mismo sentido, al hablar de un cuarto periodo en la obra de Neruda habría que catalogar la especial atención que otorgó a las cosas más “insignificantes”. Los temas recurrentes en la obra de Neruda giraban en torno a la realidad cotidiana, a lo doméstico, al acontecer de la calle, a todo. Su poesía en este sentido se desgrana en las Odas elementales. Por ejemplo, en “Oda a la Alcachofa”, no cualquiera convierte a una planta en un guerrero que sueña con la milicia y que termina en la paz de una olla. La genialidad de Neruda, sin duda, bailaba al son de su contexto. También se pueden nombrar: Oda al aire, Oda a la cebolla, Oda al edificio, Oda a la envidia, Oda a la tristeza, Oda a los números, Oda a un reloj en la noche, entre otras.

Neruda y sus tres esposas

Neruda tuvo tres esposas: María Antonieta Hagenaar, a quien conoció en Java, Delia del Carril, quien a pesar de sus 50 años logró cautivar a Pablo de 30 años, y Matilde Urrutia, la enfermera y ama de casa que lo cuidó de una flebitis mientras se encontraba en México. A esta última dedicó su poemario Los versos del capitán, un libro que está dividido en siete partes y donde cada una describe las secuencias, según el poeta, de toda relación amorosa: “El amor”, “El deseo”, “Las furias”, “Las vidas”, “Oda y germinaciones”, “Epitalamio” y “La carta en el camino”.

Poemas de Pablo Neruda

A continuación se muestran tres de los poemas de Pablo Neruda,  este genio del verso:

Ángela adónica

Hoy me he tendido junto a una joven pura
como a la orilla de un océano blanco,
como en el centro de una ardiente estrella
de lento espacio.

De su mirada largamente verde
la luz caía como un agua seca,
en transparentes y profundos círculos
de fresca fuerza.

Su pecho como un fuego de dos llamas
ardía en dos regiones levantado,
y en doble río llegaba a sus pies,
grandes y claros.

Un clima de oro maduraba apenas
las diurnas longitudes de su cuerpo
llenándolo de frutas extendidas
y oculto fuego.

Amor

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado mío
y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.

Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
y más.

Barrio sin luz

¿Se va la poesía de las cosas
o no la puede condensar mi vida?
Ayer -mirando el último crepúsculo-
yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.

Las ciudades -hollines y venganzas-,
la cochinada gris de los suburbios,
la oficina que encorva las espaldas,
el jefe de ojos turbios.

Sangre de un arrebol sobre los cerros,
sangre sobre las calles y las plazas,
dolor de corazones rotos,
podre de hastíos y de lágrimas.

Un río abraza el arrabal
como una mano helada que tienta en las tinieblas:
sobre sus aguas se avergüenzan
de verse las estrellas.

Y las casas que esconden los deseos
detrás de las ventanas luminosas,
mientras afuera el viento
lleva un poco de barro a cada rosa.

Lejos… la bruma de las olvidanzas
-humos espesos, tajamares rotos-,
y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean
los bueyes y los hombres sudorosos.

Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas,
mordiendo solo todas las tristezas,
como si el llanto fuera una semilla
y yo el único surco de la tierra.

Neruda, la pluma que poetizó todo

Pablo Neruda fue un poeta universal porque le escribió a todo lo existente, a las preguntas, a las respuestas, a las certezas, a las mentiras, a las incomprensiones, a la justicia, a los valores. De la misma forma, no omitió en su verso las experiencias de su pasado, las angustias de su presente y las ilusiones de su futuro.

También le cantó a las causas, a la política, al hombre, a la niñez, a la adolescencia, a la alegría y a las crueldades. Sin embargo, lo más increíble es haber dejado detrás de sus creaciones imágenes indescifrables que seguimos descubriendo aun hoy. Es esto último es lo que lo hace un poeta imposible de catalogar.

El epistolario de Pablo Neruda

Cabe mención especial su epistolario, en él se encuentran las cartas enviadas al amor de su edad temprana, Albertina Azocar, las cartas a su familia, a su amigo Héctor Eandi y las cartas de amor a Matilde Urrutia. En relación con quien fue el último gran amor de su vida, le escribe una carta de fecha 21 de diciembre de 1950 y le dice lo siguiente: “Si vienes cuenta conmigo para que se me quite la rabia. En verdad te necesito. Ahora no me escribas más privadamente. Contéstame en forma general sobre tu vida y proyectos”. A todas luces se notó que ya no deseaba seguir ocultando esta relación con Urrutia.

Isla Negra, su puerto final

Además de las obras ya nombradas, se pueden citar las siguientes: Crepusculario, Farewell y los sollozos, El hondero entusiasta, Las Uvas y el Viento, Estravagario, Navegaciones y Regresos, Cien Sonetos de Amor, y Memorial de Isla Negra. Respecto a Isla Negra, en donde están sepultados sus restos mortales, es allí en donde escribió: “Éste soy, yo diré, para dejar este pretexto escrito: ésta es mi vida”. Claramente este poemario inició su etapa final y corresponde a los entusiastas lectores del siglo XXI seguir explorando el enorme universo nerudiano.

Neruda y la elevación de las sustancias y los elementos

Con la poesía de Pablo Neruda todo tomó un nuevo sentido, se alzaron los versos de la nieve, se desbordaron los colores azules y se catapultaron los caracoles del océano pacífico. Con Neruda se siguen levantando los hombres sencillos, los ojos deslenguados, los hogares destruidos, los ovarios fermentados. De allí que no se puede catalogar a un poeta que le escribió a casi todo y que aún sigue escribiendo sin escribir.

Fuente:https://www.actualidadliteratura.com/poemas-de-pablo-neruda/

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